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Otros casos

A través de diferentes coordenadas culturales, se comprenden y se conciben las “transgresiones de género” que se insertan en el interior de una sociedad, transgrediendo la polaridad genérica masculino/femenino y que da cuenta de la extrema variabilidad humana en la construcción del género. En efecto, como afirma el antropólogo Marvin Harris, la poligamia existe en el 90% de las culturas: un ejemplo claro lo encontramos en la sociedad otomí o hñahñú de Capula, comunidad del estado de Hidalgo, donde se desarrollan prácticas de poligamia masculina (Cabral, Flores, 2006); en muchos pueblos de África y entre los árabes de alto rango esta institucionalizado o matrimonio plural, si bien es cierto que la poliandría está presente en muy pocos pueblos del mundo, así entre los nyinbas y los treba tibetanos, entre los nayar del sur de la India, entre los rarámuris mexicanos y entre los bijagós de Guinea Bissáu.

Entre los chinantecos de Sano Lucas Ojitlán en la región del Papaloapan, en los años 70, tal y como lo relata el antropólogo Miguel Bartolomé, en Semana Santa, durante la representación de la ‘Última Cena’ los doce apóstoles eran los homosexuales o dzá büa más destacados del lugar, todos ellos personas muy respetadas (Bartolomé, 2007, en Gómez, 2012). Ademáis, semeja que las personas hacían el amor la primera vez en el altar de la iglesia, con el fin de ser bendecidos y tener fertilidad. También, según la investigadora Patricia Ponce, cerca de la comunidad de Zongolica, en el estado de Veracruz, existe la tradición de vestir a los chavales como si fueran chavalas, con el fin de “despistar” a los espíritus malignos. En la comunidad indígena yaqui “Sarmiento” (Hermosillo, México), -frente a la tradición patriarcal yaqui-, las mujeres son las únicas habitantes y propietarias del lugar y son las que ostentan todo el poder (Gómez,2009). Asimismo, en la sociedad mestiza mejicana se encuentran ciertas peculiaridades sexo/genéricas significativas: en el norte de México, el sexo entre varones no significa que estos asumen una identidad homosexual; en el sur de México, la figura del mayate (hombre “activo” sexualmente que se relaciona íntimamente con un hombre afeminado), define al varón activo en la relación homoerótica. En ambos casos, estos hombres presumen de su hombría y no se consideran homosexuales o bisexuales (Nuñez, 2007, en Gómez, 2012).

Por otra parte, existen muchos lugares donde se concibe la concepción, fecundación y formación intrauterina de la vida, a partir de la aportación del semen de diferentes hombres, por lo que la mujer embarazada debe tener relación sexual con muchos varones para que su futuro bebé nazca fuerte y sano; así ocurre entre los barís de Venezuela, los dogóns de Mali, los huaorani de la Amazonía y entre algún pueblo de Mozambique.

Entre los mosuo de China no existe la institución del matrimonio como tal sino los llamados “matrimonios andantes”, relaciones temporales entre hombres y mujeres, donde esta última decide con quien, cuando, hasta cuando y donde inicia y desarrolla el contacto, y los hijos pertenecen sólo la familia de la madre.

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